Martes, 19 de enero de 2010
El pasado Domingo, tuve la oportunidad de leer un texto que me ha conmovido, le he visto en el blog de mi amiga Martitah "Marta García Curieses", por cierto, es una lástima que no pongas el blog al día mas a menudo.
Me he permitido copiarlo, porque me parece muy bonito:


Marta García Curieses
Marta García Curieses con su BH y sus ruedas Nesta en el pasado Campeonato de España

Ha pasado una semana y un día, ya os he contado lo que paso en la carrera. Pero este año, no he contado lo que pasó dentro de la carrera. Por eso, esta segunda entrada sobre los campeonatos de España de Ciclocross en Laredo. Bienvenidos a mi mente:

<< Frío, demasiado frío, pienso. Y me acuerdo de la carrera del Alcobendas, la última carrera en la que participé antes de los de España. La última carrera del año en la que había metido la pata. Estaba allí, sola, a mi lado Ivanna y Alain, pero mi mente estaba en otra parte, mucho más lejos. Estaba en Valladolid, a 280 km de mi cuerpo y a 51 semanas de la fecha. Recordaba lo que para mí sería imposible repetir, mis trazadas, mi rabia, mi sueño...
Seré la gran decepción de estos campeonatos. Lloraba por dentro, en realidad quería ganar el Rojigualda, pero sabía que no tenía las condiciones físicas. Entre un cuarto y un séptimo. De ahí para atrás, me plantearé seguir en esto. A través de la ventanilla del coche, dentro de mi mochila, la gorra de Nesta. Por si acaso... Las 12 y 15: Rosa ya se ha ido hacia la recta, nosotras salimos 10 minutos más tarde... pero me bajo ya del rodillo y me voy.
-¡Suerte! - Me dicen. Como un automatismo, contesto un gracias no muy animado, la necesitaré. El mismo casco, la misma bici, el mismo nombre, el mismo número de DNI... Un 54 colgado a la espalda que no me auguraba nada bueno. Hubiese preferido el 41, como el año pasado. Rodaba por la carretera y miraba a los lados disimuladamente, esperando que con las gafas no se notase mucho que observaba a la gente que vería mi desastre de carrera. Estaban todos: Miguel, Manu, Fede, papá, mamá, Merino... Se me subían las pulsaciones a cada segundo que pasaba. Por fin, un silbato, y enseguida alguien dijo: "Las cadetes seguid rodando, que os quedan 10 minutos". Joder. Y volví a acordarme de Alcobendas, el retraso en la salida, el frio en las piernas. Cuando pasan los 10 minutos y nos empiezan a llamar, me quito los pantalones largos a toda prisa, casi cayéndome, y cuanto más me cuesta sacarlos, más nerviosa me pongo. -"¡García Curieses!" Joder, no he acabado, salen sin mí. "Ya va, ya va..." Lo consigo, acabo de quitarme la ropa y me coloco: tercera calle a la izquierda. A mi derecha Elena, a mi izquierda Cristina Puertas. Ambas campeonas de su comunidad, Valencia y Madrid respectivamente. Elena... mi eterna rival. Me marcho de Laredo otra vez... vuelvo a Valladolid. Y empiezo a creérmelo. ¡¡PIIIII!! Salida, extraña, agarrada abajo. El zumbido de los dos pares de ruedas de perfil que llevaba por delante y de las mías mismas, consigue tranquilizarme un poco. Una juvenil ha pasado a la vez que nosotras enlazábamos al circuito y se ha unido al tren. Una, dos, tres, cuatro, cinco chicas por delante de mí... estoy ciega. Tengo que avanzar. Por una vez, no me preocupa quien llevo delante, sino quien tengo detrás. Eider, Miriam y Ruth. Enseguida se habían hecho dos grupos: Elena, Alicia y una coloradísima Itziar por delante, y más retrasadas Sandra (la juvenil), Eider, Miriam, Ruth y yo. Cuando me adelantó Eider, supe que era el momento de seguir hacia adelante. Me fijé su rueda como objetivo, demasiado alto claro, pero aguanté. Me costó adelantar a Sandra, en una curva, hasta tuve que meter codo para que me dejara pasar. Ella iba ganando, yo iba quinta y no quería quedar tan lejos de las medallas. En la curva que enfilaba al box, veo una "cosa" de blanco y rojo. ¿Qué hace aquí una madrileña? Pero no era una madrileña, era Itziar, algo menos colorada ya, intentando sacar la cadena a cuatro metros del box. Primer tramo de arena, segundo, box y curva. Trazo bien, pero me asusto: una "masa" de asturianos animándonos a la par a Miriam y a mí. Me voy de Miriam y Ruth. En el barro la trazada buena era la izquierda, pero con la nieve y las lluvias nocturnas, se pasaba mucho mejor por la derecha. Ahí cometí el primer fallo. Pero conseguí salir sin bajarme. Curva y charcos. No los esquivo, ni si quiera noto el agua que empapa mi parte trasera. Más arena. Más carretera. Meta: me quedan dos vueltas, y voy cuarta. Paso por el box otra vez. Está Traba, le reconozco por la voz, ni si quiera le vi.
-Están a 20 segundos - dice. Y me lo termino de creer: ¡Puedo! Aprieto, a cada curva un poco más. Paso la arena, paso el barro, paso los charcos. Y acabo la segunda vuelta. Traba no se ha movido de la zona, pues le vuelvo a oír: "A 10, están a 10 segundos". Esta vez, veía a Elena, veía a Eider, me veía en el podio. Apretaba yo, y apretaban ellas... En cada curva había alguien que me animaba y a ellas también. Pero llegué. En la arena, Elena falló: se bajó. Yo no. Me daba igual la trazada pero no me bajaría de la bici. La masa asturiana gritaba, animaba, corría. Me sentía con fuerza para hacerles gritar más, tenía ganas de llorar. Me guardé las lágrimas, aún quedaba media vuelta. Pasé el barro, por el medio. No me atasqué para nada. Más asturianos, mi segunda casa. Estos gritaban, se tiraban por los suelos, "A por Eider, vamos a por Eider" decían. Les hice caso: si había conseguido pillar a Elena, podría pillar a Eider. Volví a apretar. No me faltarían fuerzas, si había que hacer de tripas corazón, se haría. Paso a la segunda parte del circuito. Veo a Eider al fondo, la tengo. Continuo, y fallo. Me abro demasiado en la última curva y me atasco en la arena. No lo suficiente para bajarme, pero lo suficiente para perder terreno con Elena. Quedan 100 metros, los 100 metros de sprint más largos de mi vida, mis primeros 100 metros de sprint. Agacho la cabeza, me levanto y empiezo a pedalear a todo lo que doy. No quiero mirar. Cuando veo la raya de meta, levanto la cabeza y veo delante de mí a Elena. Ahora no me ahorraría las lágrimas. JuanMari Guajardo me confirma lo que yo no quería creerme. Tendría que conformarme con el chocolate. Lloraba, a lágrima viva. Tiré la bici, tiré el casco y casi tiro las gafas. Me agarraron, alguien, Suárez padre me imaginé más tarde, y mientras lloraba y se me pasaba la rabieta, estaba allí. Cuando se me pasó un poco, me fui. No les di las gracias, por eso, quiero dárselas desde aquí. No sólo a él. Gracias, familia Suárez.
Me fui hacia el box de la selección. Me metí en el coche. Ya no lloraba. Pero tampoco estaba en Laredo. Volví a Valladolid. Dos campeonatos de ciclocross. Dos veces que he llorado. Dos emociones tan diferentes. Y me lo creí del todo: he sido la gran decepción de los campeonatos. Llegaron los Master30. No los miré. Ivanna en el asiento delantero hablaba conmigo, con mi cuerpo. Mi mente estaba en todos los lados a la vez: en casa, en Valladolid, en la carrera, en el hotel... Y nos fuimos, y volví a llorar. >>

Otro año más. Ha pasado y ya no se puede hacer nada. Revisando las crónicas de la RFEC, me he dado cuenta de muchas cosas. No fui la gran decepción como yo pensaba, fui la gran sorpresa. Después de una temporada extraña, en la que no he estado en varias de las pruebas de Copa España, sin correr tres semanas, sin estar "ahí" en todo el año... no contaban conmigo. La gente sabía, como yo, que este año me he abonado a la cuarta posición. Lo que nadie se esperaba (y en nadie me incluyo), es que hiciera cuarta al sprint con Elena Lloret y a tan sólo 7 segundos de Eider. Este año no es un sueño, pero sí el comienzo de uno.
Marta García Curieses
Marta García Curieses en Karrantza

Publicado por fevufe @ 0:30
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